Durante años entidades públicas y privadas, organizaciones sociales, eclesiásticas, militares y organismos de cooperación internacional, entre otros han financiado proyectos de huertas o granjas familiares, mercados campesinos y apoyo a pequeños productores.
Muchas de estas iniciativas han beneficiado temporalmente a cientos de familias y eso merece reconocimiento.
Sin embargo, vale la pena hacerse una pregunta incómoda: ¿Qué ocurre dos o tres años después de que termina cada proyecto?
¿Cuántas huertas siguen produciendo? ¿Cuántas familias continúan comercializando? ¿Cuántas asociaciones crecieron? ¿Cuántos emprendimientos lograron consolidarse? ¿Qué aprendizajes dejó cada experiencia para el siguiente proyecto?
En la mayoría de los casos esa información simplemente no existe o no está consolidada. Cada proyecto comienza prácticamente desde cero, como si antes no hubiera ocurrido nada.
El problema no parece ser únicamente la falta de recursos. El verdadero problema es la ausencia de un sistema territorial de información y seguimiento que permita conocer quién produce, qué produce, cuánto produce, dónde comercializa, cuáles fueron los resultados de las inversiones anteriores y qué organizaciones continúan activas.
Sin esa información, resulta muy difícil construir procesos acumulativos. Se invierten recursos, se entregan insumos, se toman fotografías, se presentan informes de ejecución y el proyecto termina. A los pocos años o pocos meses, muchas veces otra entidad vuelve al mismo territorio para financiar algo muy parecido o exactamente igual.

Desde hace varios años hemos recorrido diferentes municipios del Caquetá trabajando con pequeños productores, transformadores de alimentos, artesanos y mercados campesinos. La situación se repite con frecuencia y de manera consistente: existe mucho esfuerzo de social e institucional, pero poca continuidad entre un proyecto y el siguiente.
Por eso, más que seguir financiando iniciativas aisladas, el departamento necesita una estrategia que integre la información, haga seguimiento a mediano y largo plazo que permita fortalecer las organizaciones que realmente permanecen en el territorio.
La noticia sobre los $28.434 millones para granjas integrales tipo invernadero en Florencia puede representar una gran oportunidad. Ojalá el proyecto incorpore desde el inicio indicadores de permanencia, comercialización, ingresos familiares y sostenibilidad, además de un sistema de información que permita medir sus resultados durante varios años.
El verdadero éxito no será la cantidad de invernaderos construidos ni las fotografías de la entrega.
Será que dentro de cinco años esas familias continúen produciendo, vendiendo y mejorando sus ingresos gracias a una inversión que logró transformar el territorio y no solamente ejecutar un presupuesto.
Entre tod@s, todo es posible.

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